Mientras que los monumentos de Samarcanda están repartidos por una ciudad moderna, el núcleo histórico de Bujará se conserva en gran parte intacto y se recorre a pie: el complejo de Poi-Kalon, la fortaleza Ark y una serie de cúpulas comerciales y madrasas a pocos cientos de metros unas de otras en torno al estanque de Lyabi-Hauz.
Bujará fue durante siglos un importante centro de estudios islámicos, y esa historia se ve en la enorme densidad de madrasas apiñadas en un casco antiguo compacto. Es una ciudad más fácil de ver a pie que Samarcanda, lo que la convierte en una buena segunda parada tras un primer día más disperso.